“No vamos a parar hasta compostar el país entero”

“No vamos a parar hasta compostar el país entero”

Greenheads es una empresa enfocada en el aprovechamiento de los residuos sólidos orgánicos por intermedio del compostaje aeróbico. Ofrece soluciones para la gestión precisa y adecuada de los residuos por medio de herramientas que favorecen el aprovechamiento de los recursos y una disminución del impacto ambiental negativo. Los sistemas de compostaje están destinados tanto a pequeños como a medianos y grandes generadores de residuos.

logo greenheads

“Somos los primeros en ofrecer el paquete completo en lo que hace al servicio de compostaje en cuanto a diagnóstico, implementación, tratamiento de residuos biológicos, diseño, asesoramiento, charlas y capacitaciones, y venta de composteras”. Explica Tobías Rial, uno de los tres socios que pusieron en marcha este innovador emprendimiento. “Nuestro objetivo es ser una empresa dedicada netamente al compostaje, pero utilizando todas las posibilidades”. 

Tobías, Matías Scolni, Valentín Rumen congeniaron enseguida en 2013 cuando comenzaron la carrera de Gestión Ambiental, en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Desde chicos desarrollaron una empatía por la naturaleza y las actividades deportivas. “Siempre supe que me iba a dedicar a algo relacionado con el ambiente que ofreciera soluciones a los temas ambientales”, recuerda Tobías. 

Matías, Tobías y Valentín

En 2015 comenzaron a publicar artículos sobre los problemas ambientales en una página de Facebook. Entonces el tema todavía no tenía tanta “importancia” como en la actualidad. Al poco tiempo, mientras cursaban la materia Compostaje, decidieron vender composteras a través de una conocida plataforma. “Y también funcionaba el boca a boca”. Se trataba de unas composteras artesanales verticales, fabricadas con cajones plásticos industriales, cuya base debían agujerear para permitir el drenaje del líquido. Estaban pensadas para terrazas y balcones de las grandes urbes, “para la gente que no tiene espacio verde”, aclara Tobías.  

Al principio tuvieron poca repercusión porque “no había tanta conciencia ambiental”. Vendían de diez a veinte composteras por mes. Se sumaron a la Red de Compostaje -la mayor comunidad de compostaje de Argentina-, que también daba sus primeros pasos. 

En paralelo Tobías y sus socios iban con un stand a las plazas de provincia y  capital, para contarle a los vecinos qué es el compostaje y su importancia. “Era militancia pura la nuestra, la militancia del compostaje”, cuenta Tobías con una gran sonrisa. “La gente se enganchaba, le gustaban estas charlas y les fascinaba el hecho de que una cáscara de banana se convirtiera en tierra, y nosotros hacíamos una introducción sobre la problemática de los residuos, de la situación crítica de los rellenos sanitarios, de la contaminación que generan los residuos, y cómo el compostaje doméstico resuelve mucho de estas cuestiones, no es sólo hacer compost”, remata.

Paralelamente impartieron un taller de ambiente en un colegio. La venta y el taller les generaba un ingreso que tenía como destino la reinversión. También daban charlas a través de la Red de Compostaje y talleres a través del APRA, la agencia de protección ambiental de la ciudad de Buenos Aires. 

De a poco fueron surgiendo proyectos a los que le ponían “toda la garra” y con mucho compromiso fueron construyendo su emprendimiento. Aprovecharon un terreno baldío en Pilar para experimentar diferentes posibilidades de compostaje. Con una camioneta prestada recolectaban los restos de las verdulerías, la borra de café de las cafeterías y el aserrín de un aserradero de la zona.

En 2018 Valentín armó “a pulmón” una página web, a través de la cual ofrecieron el tratamiento de residuos orgánicos in situ para industrias. Al poco tiempo, de la nada,  tuvieron su primer cliente, Volkswagen. Y no es casual que sea una empresa originaria de un país líder en cuestión ambiental. Desde el primer contacto hasta la puesta en marcha pasó más de un año. 

“Era nuestra primera experiencia y VW tenía 4500 empleados, lo cual generaba una considerable cantidad de residuos y gran expectativa de nuestra parte”. El proceso resultó ser muy exitoso porque el tiempo de descomposición es muy veloz por el material utilizado y la cepa de microorganismos inoculada. En 30 días se desintegran los residuos.

En ese tiempo, por medio de la Red de Compostaje, también llevaron a cabo un proyecto de producción artesanal de lombriz roja californiana a partir de cama de caballo en un campo de Cañuelas. Lo obtenido lo vendían recorriendo los viveros de la capital y el conurbano. Fueron dos años de dormir en el campo, de trabajar todo el día, de cargar bolsas, de salir a buscar clientes y vender. El dinero obtenido lo reinvertían. “No nos quedaba un peso en el bolsillo, pero la experiencia que adquirimos fue insuperable. Y además nos sirvió para hacer contactos muy valiosos con clientes, y con los Ing. Luciano Orden y Javier Ferrari, del INTA, con quienes hicimos una prueba de la aplicación del humus y del compost en diferentes formatos en la cancha de San Lorenzo ”.

Consiguieron un contrato para realizar el servicio de compostaje in situ con Avon. Y comenzaron a colaborar con Servieco (empresa que se dedica a seguridad e higiene). A partir de ahí se fueron sucediendo los contratos. Empezaron como monotributistas, en la actualidad son una SRL. 

En la pandemia explotó el mercado del compostaje. Hicieron un convenio con una fábrica de baldosas, que por las medidas sanitarias había dejado de producir, para utilizar el espacio como depósito. Además, los empleados de la fábrica pudieron conservar el trabajo embolsando el humus. Por otra parte, se les ocurrió cambiar la matriz de los cajones para evitar tener que agujerearlos uno a uno manualmente. “Esto abrió el mercado a todos los productores de compoteras”, dice Tobías. Y con una sonrisa cómplice agrega: “Quizás no lo sepan, pero nuestros competidores nos deberían agradecer la simplificación del armado de las composteras”.

La competencia no les preocupa porque “estamos en un rubro que tiene mucho futuro en un mercado emergente, por lo que tenemos muchas posibilidades de crecer”. Están convencidos de que “cuanto mejor nos vaya a nosotros, será también en beneficio para el medio ambiente”.

Hace poco abrieron Greenheads en Uruguay, a través de la cual venden composteras, y están conversando algunos proyectos más grandes. Piensan en la posibilidad de expandirse a Chile o Brasil en un futuro. Pero el principal foco está en Argentina. “Apostamos porque se puede generar un país mejor. Tenemos unas características únicas. Nuestro país tiene los recursos y mucho potencial a nivel humano”. 

Los tres amigos y socios tenían un propósito muy claro desde los inicios de Greenheads. “Nuestra idea es que el compostaje llegue a la producción agropecuaria para reparar todo el daño que tienen los suelos argentinos a causa de la desertificación, de las fumigaciones, la utilización de agroquímicos, el monocultivo, la deforestación, la contaminación del agua, el suelo, el aire. Queremos ser el eslabón que permita, a través del compostaje, la gestión de residuos, a los que se les continúa llamando “basura”. Nos gustaría que la sociedad cambie la concepción que se tiene de los residuos y que los revalorice a partir de un proceso natural. Lo que antes uno tiraba en un basurero, hoy es un recurso con nutrientes, un abono fértil que aporta salud y sabor a los cultivos. Y cuando tenemos un suelo sano a partir de la materia orgánica y de los microorganismos, se puede prescindir de la utilización de agroquímicos o por lo menos reducirlos de forma significativa”.

El objetivo de Matías, Valentín y Tobias es inclaudicable: “Queremos compostar el país entero. Y hasta que no lo logremos no vamos a parar”.

composteras Greenheads